Mi pecho contra el tuyo está. Soy capaz de sentir tu corazón bombear vida, tu cuerpo dilatarse intermitentemente y apoderarse del mío. Entre ambos nace una sinfonía interpretada por energía, colores, olores, sentimientos... Me convierto en perceptora nata de tu interior, casi puedo describir tus pensamientos.
Mis manos deciden entonces memorizar tu espalda, no la pretenden olvidar, delinean tus curvas y colorean tu piel, la desean tatuar en sus palmas.
Nuestros cuellos se adhieren sin esfuerzo alguno, uno es la llave, el otro la cerradura, encajan perfecto y gozan de eternidad.
Inhala, exhala. Inhala, exhala. Este ciclo nos hace recordar que nada es para siempre, sin embargo, nos declaramos rebeldes y aplicamos la fuerza contra el otro.
Flotamos sin consciencia, estamos sumergidos en mundos paralelos en donde la tranquilidad nos vuelve ligeros, ausentes del caos.
Abrázame fuerte. Dulce, dominante, pero hazlo ya que no quiero aterrizar.