Juego de sexos. Juego de subconscientes voluntarios. Juego de criaturas pasionales. Aquel con aroma rico en testosterona es débil y manipulado mientras finge ser el dominante en la obra. Ambos seres extasiados están. Perdidos en el tiempo y en el espacio. Perdidos en el tacto y confundidos entre sentidos excitados. Carne humana, tan agria y tan dulce, tan suave y tan captora. El juego se torna en un psicótropo del que ambos desean depender. Nos enamoramos de su ceremonia de posesión, queremos ser el premio, la víctima, el último aliento de aquel marginado acto. Todo en sus febriles cuerpos se tensa y es invocada la bestia. Monstruo bipolar hambriento de un odioso amor, de una sutil brusquedad y de una humanidad perfecta. Aparece la sed y el tiempo retumba. Ocurre una pausa. Una pausa cuyo cuero es viejo, ignorante de su muerte en su eterno retiro. Juego de sexos. Juego de... Humanos.