Y la recuerdo jóven, feliz, regocijándose entre las sábanas por el dulce recuerdo de esas pieles ajenas cuyos olores aún no olvidaba. Demostraba una sonrisa inmensa, incalculablemente pura, de una naturaleza objetiva que ni el mas grande golpe borraría en ese momento. Ella sabe cuán afortunada y maldita es, un cuerpo compartido entre ella y ella solía ser pero, ya no más, ahora le pertenece al amor, al sexo mas crudo y pasional, él firma por su nombre y conoce su poder. Ella tiene sed, hambre, está insaciable. Necesita alimentarse de ese acto compartido al que muchos marginan y pocos disfrutan libremente. Pero es que ella es así, libre, casi con alas que se sienten y no estan a la vista del ojo común, hay que amarla para hacerlo. Una lágrima se desliza por su mejilla casi a diario, bien sea por el recuerdo o por el deseo. También ha de llorar por los tantos verdugos que intentan mutilar su libertad pero sabe de su imposibilidad, su mente es superior, está al tanto de eso. Sigue caminando, volando, amando, así es ella: un hada incomprendida, llena de todo para dar sin precio, basta tener un alma blanca para recibir su dicha. Ella...