Siento el amor como cuando tenia catorce, mi primer amor. Aquella angustia, incertidumbre, que al mismo tiempo era tan especial, ese nudo en el corazón o peor aun, ese hueco en el estómago, ese capricho, las ganas y el provecho de cada instante, tocando, sintiendo, el corazón suspira. Mis ojos se deleitan del paisaje por instantes, mis manos tienen la dicha de sentir y mi lengua saborear esa textura carnosa con olor a desesperación. Olores, placeres, caricias, todos ellos en el alma, sentirme vivo por momentos en ese pacto de amor instantáneo. La vida sigue, las historias se repiten una y otra vez como etapas. ¡Qué buenas etapas! Libertad y al mismo tiempo esclavitud, ésta te deja dependiente ya que la adicción se vuelve parte de la rutina. ¿Hasta qué punto querer sentir de esta manera en la deriva de pensamientos incontrolables y fantasías? Llevarte al éxtasis. Sobornar tu mente con miradas y gestos, cada pequeño detalle cobrando vida y haciendo magia dentro de tu ser, haciendo que todo a tu alrededor, el que siempre luce igual, parezca tan distinto. Empieza una energía motivadora y sin razones también el miedo a que esto termine súbitamente, pero, ¿por qué temer? Parece tan bueno, tan real. ¿Qué tanto lo es? ¿Cuánto tiempo dura? No es una tarea fácil sobrellevar todo esto y no quisiera saberlo, tan solo disfrutarlo durante el tiempo que exista y durante el que la vida me lo permita. Todo es infinito, tan solo se muta. Sabemos que algo diferente comienza y de nuevo, siento el amor como cuando tenia catorce.