Mi piel se contrae elegante y sus vellos se ereccionan en cuanto tus yemas la tocan paralela y vacilante. Mis labios empiezan a temblar y la deficiente respiración los seca al instante. Mis ojos se pierden en tus lóbulos, en tu cuello, se pierden en el palpitar de tu yugular, sin embargo, no están conscientes de lo que ven, no soy capaz de enviarles vida, en este momento tus manos guardan aquella vitalidad que supongo reflejar.
Ahora, me besas. Necesito despegar mi rostro del tuyo para poder continuar despierta, lo único que conozco es a ti, siquiera me encuentro confiada de ser alguien, me has traspasado.
Desde aquí arriba llego a contemplar tanto que me pregunto si sigo bombeando sangre. Tomo del cuello a la realidad. Una lágrima decide bañar mi mejilla y yo, resuelvo secarla con tus labios, ponerme de pie y decirle al aire que te amo.