miércoles, 20 de octubre de 2010

"La niña de nieve"

  Era un día de invierno en las calles frías de Londres, entre tantas historias y silencios escondidos una mujer joven de ojos claros llamada Evelin, con sueños, deseos frustrados y con la cruda realidad que tenía que aceptar: era muda. Evelin, cada vez que despertaba en las mañanas de aquella estación, recordaba el verano de su niñez cuando lo único que quería era que llegara de nuevo el frío de aquellas mañanas, para poder pedir el deseo más importante y profundo de su ser. Evelin deseaba tener una amiga, que la apoyase y aceptara su estado, ya que los niños de su edad en aquel entonces la menospreciaban y marginaban por ese diminuto y estúpido  defecto físico que sufría. 
  Evelin entonces todavía deseaba eso.
  La madre de ella había muerto inesperadamente por la enfermedad de sus pesadillas, el cáncer (Evelin era propensa).
  El 23 de diciembre, Evelin despierta con un agudo dolor de garganta, algo muy extraño para ella, ya que sus cuerdas vocales prácticamente estaban muertas. Ella no sé preocupó, lamentablemente padecía de cáncer por esa zona. Para Evelin ya era demasiado tarde   curarse, no le había prestado atención al dolor de aquel día. Los dolores y la angustia fueron aumentando con el tiempo.
  El 2 de enero, Evelin fallece.
  Aunque les parezca extraño, ella despierta en un sueño, en un mundo donde la maldad y la oscuridad no existen. Mares, ríos, praderas, montañas, animales angelicales, y mucha nieve. Era un mundo paralelo al nuestro. Evelin disfrutaba de todo eso, de hecho se dió cuenta de que era una niña otra vez, y además de que ya tenía voz. Lo primero que hizo fue disfrutar de la nieve, ríos y todas esas maravillas que habían aparecido mágicamente. Mientras jugaba usando su imaginación, se quedó impactada al ver nacer una niña de la nieve. Se dió cuenta de que ese era su sueño; volver a ser niña, tener voz y tener una verdadera amiga.
  Cuando vió esa insólita escena, sintió una sensación de angustia y a la vez de felicidad, pero siempre con asombro. La niña de nieve, resultó ser muda, pero a Evelin no le importó.
   Todo el día, ella se la pasó hablando y describiendo el mundo en el que ella nació. Mientras decía esas palabras comenzaba a extrañar el calor, la gente, el mundo imperfecto. La niña de nieve se le quedaba viendo fijamente mientras Evelin hablaba pausada con una cara desalentadora.
  Así pasaron los días, Evelin comenzaba a aburrirse de aquella perfección diaria, y se dió cuenta de que quería de nuevo su vida sin perfección, cálida y familiar. 
  De repente la niña de nieve a quien ella llamó alguna vez amiga, se desvaneció frente a sus ojos, llevándose con ella todo ese mundo de fantasía.
  Sin darse cuenta Evelin despertó en un día de verano, en su cama, volviendo a tener sus defectos, pero esta vez sana. Y comprendió, que lo perfecto aburre, lo imperfecto te hace esperar sorpresas, y que hay que aceparse a uno mismo como es, y a vivir la vida.




Autor: Catherina Iodice.